Nunca dejas de desarrollar tu criterio


Las herramientas adecuadas solo pueden llevarte hasta cierto punto. Para dominar tu disciplina, necesitas afinar tu punto de vista.
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Ilustraciones de Matija Medved
Sin importar cuál sea tu medio, dominar tu disciplina lleva tiempo: tiempo para entender cómo se comporta tu material, tiempo para aprender la técnica de moldearlo y tiempo para incorporar las herramientas adecuadas. La IA no cambia eso. Porque convertirse en un experto no consiste únicamente en adquirir nuevas habilidades o técnicas; también implica desarrollar una forma única de ver las cosas. Esta es la parte que más tiempo requiere y, de hecho, nunca termina.
Mi propio recorrido creativo comenzó cuando estudié piano y composición musical y me convertí en ingeniero de sonido. Cuando era estudiante, no me limitaba a tocar las notas de una partitura. Estaba aprendiendo a hacer mías esas frases para conectar con quien escuchaba, para hacerle sentir algo. ¿Cómo podía controlar el ritmo para crear momentos de tensión o generar impulso? ¿Cómo podía utilizar la dinámica para dar forma a crescendos graduales o clímax dramáticos? Y, sobre todo, ¿por qué estaba tomando esas decisiones?
Al igual que tocar el piano, el diseño es algo que se aprende con la práctica. Hay que dedicarle horas: trabajar con mentores, recibir feedback y desarrollar una intuición creativa que se cultiva con atención y constancia.

El criterio es una forma de cuidado
Cuanto más hablamos de la importancia del "criterio", más parece perder significado. Y, aun así, el criterio es reconocible: sabes cuándo lo ves. Cuando reconocemos algo intencional, refinado y cultivado, decimos que su creador tiene criterio. El criterio se construye a partir de un punto de vista único y de la capacidad de expresarlo.
Cuando ves ejemplos de criterio excepcional —como el trabajo de Dieter Rams en Braun— no solo percibes la intención del diseñador, sino también su compromiso con llevarla hasta las últimas consecuencias. No se limitó a diseñar una radio; consideró dónde se ubicaría en una habitación, los objetos que la rodearían y cómo se sentiría al utilizarla. Convirtió un electrodoméstico en una experiencia.
Tener criterio no significa que a todo el mundo le vaya a gustar tu trabajo. El criterio es particular. Dos diseñadores pueden tener sensibilidades completamente distintas y ambos tener criterio. Lo que comparten es el cuidado y la intencionalidad detrás de cada decisión. En el mundo del diseño de producto, el criterio se hace visible en cómo gestionas las compensaciones: forma y función, expresividad y legibilidad, qué añadir y qué dejar fuera. Los detalles en los que decides invertir y las concesiones que te niegas a hacer: ahí es donde vive tu criterio.

Entonces, ¿de dónde surge el criterio? Empieza con el amor por tu disciplina. Amaba tanto la música que pasé años desarrollando mi propia forma de escuchar. Se convirtió en algo incorporado a mí: mis dedos reconociendo las teclas, mi oído captando el espacio entre las notas. En el diseño, ese mismo amor aparece cuando mis ojos detectan una desalineación o cuando reacciono de forma instintiva al flujo de una página. Primero amas tu disciplina y luego profundizas en ella hasta crear algo de lo que te sientes orgulloso. Esto no sucede en el vacío, por eso las críticas de diseño y el trabajo colaborativo son tan importantes para crear algo excelente.
El segundo ingrediente es la atención hacia las personas a las que intentas llegar. Como ingeniero de sonido, escuchaba las canciones que producía en muchos tipos diferentes de altavoces antes de dar por terminada una masterización. Como diseñador, observo distintos tamaños de pantalla, perfiles de color y lenguajes de interfaz. El criterio implica prestar atención a detalles que la mayoría de las personas ni siquiera perciben: una transición que resulta apenas demasiado lenta o un estado vacío que solo una pequeña parte de tus usuarios llegará a experimentar.
Cuando evalúo el criterio en una contratación, busco tres cosas:
- 1. Discernimiento: ¿Pueden explicar qué no está funcionando y por qué? Una buena respuesta es matizada y refleja una forma de ver las cosas más profunda que la mayoría. Los grandes diseñadores tienen palabras para describir aquello que la mayoría de las personas solo perciben.
- 2. Empatía: ¿Piensan en la persona que está del otro lado, y no solo en la pantalla? La señal está en cómo describen una decisión de interfaz que tuvo en cuenta algo que ni siquiera se te habría ocurrido preguntar.
- 3. Energía creativa: ¿Están creando algo constantemente? Las personas con criterio tienen una relación casi compulsiva con su disciplina: proyectos personales, obsesiones y cosas que construyen porque no pueden dejar de pensar en un problema.
Al final, el criterio es una forma de cuidado: cuidar al usuario, cuidar tu disciplina y cuidar el resultado final. Es un proceso continuo de discernir entre lo que funciona y lo que no, de prestar atención a los detalles y de ser inflexible con aquello que estás creando y con las personas para las que lo estás creando.
Al final, el criterio es una forma de cuidado: cuidar al usuario, cuidar tu disciplina y cuidar el resultado final.
La IA amplía tus reservas creativas
A algunas personas les preocupa que la IA abstraiga el pensamiento y el esfuerzo que hacen que alguien sea realmente bueno en su disciplina, pero ese escenario supone que aceptamos el primer resultado como definitivo. Para alguien con un criterio sólido, eso sería inaceptable. Sir James Dyson, por ejemplo, es famoso por haber pasado por 5127 prototipos antes de llegar al diseño icónico de la aspiradora Dyson.
Las herramientas adecuadas acortan la distancia entre lo que imaginas y lo que puedes crear. En un estudio de grabación, una consola SSL 9000 J produce una mezcla muy distinta de la que se obtiene con un equipo de consumo; en diseño, un sistema de diseño sólido o una herramienta de dibujo de precisión te brindan la capacidad necesaria para materializar tu intención. La visión proviene de ti. La IA puede ayudarte a explorar más posibilidades, pero no puede sustituir tu criterio.
Esto es cierto para cualquier disciplina o vocación. Al recordar mis primeros años como pianista, lo que hacía que la música fuera realmente mía nunca fue tocar las notas correctas. Era el criterio. Y el criterio, sin importar el medio, siempre es lo mismo: el peso acumulado de decisiones intencionales, repetidas una y otra vez, hasta que aquello que has creado solo podría haber surgido de ti.

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