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Nunca se deja de cultivar el buen gusto

Loredana CrisanChief Design Officer, Figma
Ilustración de un jardinero en una escalera podando un árbol Ilustración de un jardinero en una escalera podando un árbol

Contar con las herramientas adecuadas solo te lleva hasta cierto punto. Para convertirte en un maestro en tu oficio, tienes que afinar tu punto de vista.

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Ilustraciones de Matija Medved

Sea cual sea el medio que utilices, dominar tu oficio lleva tiempo: tiempo para entender cómo se comporta el material, tiempo para aprender las técnicas para darle forma y tiempo para adquirir las herramientas adecuadas. La IA no cambia esto. Y es que convertirse en un experto no consiste solo en adquirir nuevas habilidades o técnicas, sino en desarrollar una forma única de ver las cosas. Esta es la parte que más tiempo lleva de todas; de hecho, nunca termina.

Mi propio viaje creativo empezó cuando estudié piano y composición musical y me convertí en ingeniero de sonido. Cuando estudiante, no me limitaba a tocar las notas de una partitura. Aprendía a hacer mías las frases para llegar a quien las escuchaba, para que sintieran algo. ¿Cómo podía controlar el ritmo para crear momentos de suspense o generar dinamismo? ¿Cómo podía usar la dinámica para dar forma a crescendos graduales o picos dramáticos? Y lo más importante: ¿por qué tomaba esas decisiones?

Al igual que tocar el piano, el diseño es algo que se aprende con la práctica. Tienes que practicar mucho: trabajando con mentores, reaccionando a los comentarios que recibes y desarrollando una intuición creativa que mantengas con cuidado y atención constantes.

Ilustración de líneas de colores que salen de los ojosIlustración de líneas de colores que salen de los ojos

El buen gusto es una forma de cuidado

Cuanto más hablamos de la importancia del “buen gusto“, más va perdiendo su significado. Aun así, el buen gusto es perceptible: lo reconoces en cuanto lo ves. Cuando reconocemos algo hecho con intención, refinado y con estilo, decimos que su creador tiene buen gusto. El buen gusto se basa en un punto de vista único y en la habilidad para expresarlo.

Cuando ves ejemplos de buen gusto excepcional —por ejemplo, el trabajo de Dieter Rams en Braun—, no solo ves la intención del diseñador, sino también su compromiso para llevarla a cabo. El diseñador no se limitó a crear una radio; consideró dónde se colocaría en una habitación, los objetos que la rodearían y qué se sentiría al tocarla. Convirtió un electrodoméstico en toda una experiencia.

Tener buen gusto no significa necesariamente que tu trabajo sea del agrado de todo el mundo. El gusto es algo personal. Dos diseñadores pueden tener sensibilidades totalmente diferentes y, aun así, ambos tener buen gusto. Lo que comparten es el cuidado y la intención que hay detrás de cada decisión. En el mundo del diseño de productos, el buen gusto se nota en cómo se gestionan las concesiones: forma y función, expresividad y legibilidad, qué añadir y qué dejar fuera. Los detalles en los que decides invertir, las concesiones que te niegas a hacer… ahí es donde reside tu buen gusto.

Ilustración de un jardinero podando setosIlustración de un jardinero podando setos

Entonces, ¿de dónde viene el buen gusto? Empieza con el amor por tu oficio. Me gustaba tanto la música que me pasé años desarrollando mi propia forma de escucharla. Se convirtió en algo innato: mis dedos reconocían las teclas, mi oído captaba el espacio entre las notas. En el diseño, ese mismo amor se nota cuando mis ojos detectan un desajuste o cuando reacciono de forma instintiva ante el flujo de una página. Primero te apasiona tu oficio, después lo profundizas, hasta que has creado algo de lo que sentirse orgulloso. Esto no ocurre de forma aislada, y por eso las críticas de diseño y el trabajo en equipo son tan importantes para crear algo genial.

El segundo ingrediente es pensar en las personas a las que te diriges. Como ingeniero de sonido, solía escuchar las canciones que producía en muchos tipos diferentes de altavoces antes de dar por terminada una versión. Como diseñador, compruebo diferentes tamaños de pantalla, perfiles de color y lenguajes de interfaz. El buen gusto significa preocuparse por los detalles que la mayoría de la gente ni siquiera ve: la transición que va un compás por detrás, el estado vacío que quizá solo una pequeña parte de tus usuarios experimente una vez.

Cuando contrato a alguien por su buen gusto, busco tres cosas:

  • Discernimiento: ¿son capaces de explicar qué es lo que no funciona y por qué Una buena respuesta tiene matices y refleja una forma de ver las cosas más profunda que la de la mayoría. Los grandes diseñadores saben expresar con palabras lo que la mayoría de la gente solo siente.
  • Empatía: ¿piensan en la persona que está al otro lado, y no solo en la pantalla? La clave está en que describan una decisión sobre la interfaz que haya tenido en cuenta algo que a ti ni se te habría ocurrido preguntar.
  • Energía creativa: ¿siempre están creando algo? Las personas con buen gusto tienen una relación casi obsesiva con su oficio: proyectos paralelos, obsesiones, cosas que han creado porque no podían dejar de pensar en un problema.

Al final, el buen gusto es una cuestión de cuidado: cuidar del usuario, cuidar de tu oficio y preocuparte por el resultado final. Es un proceso continuo de distinguir entre lo que funciona y lo que no, esmerarse en los detalles y ser implacable con lo que estás creando y para quién lo haces.

Al final, el buen gusto es una cuestión de cuidado: cuidar del usuario, cuidar de tu oficio y preocuparte por el resultado final.
Loredana Crisan, directora de diseño de Figma

La IA amplía tus recursos creativos

A algunas personas les preocupa que la IA pueda eliminar el proceso de reflexión y el trabajo que hacen que alguien sea realmente bueno en su oficio, pero ese escenario supone que aceptemos el primer resultado como definitivo. Hacerlo sería inaceptable para alguien que tenga buen gusto. Sir James Dyson, por ejemplo, es famoso por haber probado 5127 prototipos antes de dar con el diseño icónico de la aspiradora Dyson.

Las herramientas adecuadas acortan la distancia entre lo que imaginas y lo que puedes crear. En el estudio de grabación, una mesa de mezclas SSL 9000 J te permite conseguir una mezcla muy diferente a la de un equipo básico; en diseño, un potente sistema de diseño o una herramienta de dibujo muy precisa te permiten plasmar tu idea con todo detalle. La visión la aportas tú. La IA puede ayudarte a explorar más a fondo, pero no puede reemplazar tu gusto personal.

Esto es así en cualquier oficio o vocación. Cuando pienso en mis comienzos como pianista, lo que hacía que la música fuera mía nunca fue tocar las notas correctas. Era el buen gusto. Y el buen gusto, sea cual sea el medio, siempre es lo mismo: el peso acumulado de decisiones intencionadas, repetidas una y otra vez, hasta que lo que has creado solo podría provenir de ti.

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